Cuantas más, mejor.

-Miren los dos corderitos que me encontré en la puerta…- dijo Brenda al volver al patio, dejando caer la toalla que había cubierto su cuerpo para ir a abrir y metiéndose en el agua de nuevo. -Holaaa…- dijo Sandra entrando seguida de Marta, que saludó con la mano. -¿No tenían una cena?- pregunté nadando hasta…

Ideas locas.

“¿Cómo es posible que sean las siete de la tarde?”, me quejé agobiada, sintiendo que el día se había ido en un suspiro, al igual que el fin de semana. “Bueno, piensa que has estado liada con los proyectos, preparando cosas…”, dijo mi chico al ver que saltaba, seguramente temiendo que le saltara al cuello….

Cucharita.

No hay mejor antídoto contra el insomnio que follar y caer rendida entre tus brazos, acurrucada en tu abrazo, cobijada por la tierna cucharita que imitamos. Ni siquiera el amor propio de mis dedos acariciando mi humedad, consigue un efecto tan eficaz como cuando son los tuyos al recorrerme y dejarme la garganta seca de…

Y remojado…

Él también tenía calor. Todas las islas tenían calor. Sentada en el fondo de la pequeña bañera rodeada de azulejos setenteros chillones, de rojo en lo que había sido agua fresca y ahora era tibia por el calor de mi cuerpo, ví su calzoncillo caer y aquel delicioso trozo de carne quedar a la altura…

Tiempo con él.

“Toma, justo como te gusta…”, dijo acercando la taza caliente con aromas especiados y dulzones. La sonrisa se apoderó de mi cara mientras cogía la taza resoplando, sin poder evitar la ligera quemazón en los dedos. Brebaje perfecto, mi favorito, tableta de chocolate y mi chico a mi lado, me sentí feliz. Feliz de quererlo…

Tiempo.

La siesta me había sentado genial. El malestar desaparecido en combate y casi tan fresca como una lechuga, me estiré tomándome mi tiempo para levantarme, acariciando los muslos, pensando en lo suave que estaba y en que, en breve, volvería a estar peluda. Ciclos de la vida que se repiten incesantes. Nunca me doy cuenta…