Suspiros de amor.

Estaba allí con ellas, compartiendo roces, caricias, besos y lametones, disfrutando del delicado sexo femenino a seis manos, dejándome hacer lo que más me gustaba, haciendo lo que más les gustaba. La devoción con la que se miraban casi se podía ver como una onda que las envolvía con extremo cuidado, recorriendo cada poro de…

Sonidos.

“¡Más fuerte…!” El silencio y la sensibilidad previa quedaron ensombrecidas por los gemidos y afirmaciones que salían de nuestros labios, nuestros sucios y lascivos labios. “Ohh…” Los gemidos a media luz parecían encandilar nuestras miradas, que se volvían buscando la expresión del rostro en concordancia, gestos que podrían clasificarse como dolorosos, pero que estaban envueltos…

Sentidos.

Quisiera morir entre besos, entre lenguas de fuego que peleen por los gemidos de mi piel húmeda, por el sabor de mi epicentro. Cerré los ojos para abrirme al máximo a los sonidos, suaves y untuosos, que desprendíamos. Concentrados en dar placer, los labios y las lenguas se afanaban en el disfrute ajeno, sin dar…

Inspiración.

“Qué mierda…”, resoplé hablando conmigo misma, desganada, viendo el reloj pasar las horas sin que del lápiz saliera el mínimo ápice de inspiración. Recorrí de memoria las grietas de la mesa donde, se supone, producía millones de ideas maravillosas, donde la creatividad fluía de forma armoniosa, la misma en la que, las horas pasaban con…

Tarde en la cocina.

Si hay otro placer igual de satisfactorio que el sexo, es cocinar y, por lo tanto, comer. No hay nada comparable a un orgasmo, sólo o acompañado, a dejarse llevar por unos dedos, a rendirse al roce de unos labios o a sentir que dos cuerpos son capaces de casi fundirse en el intenso baile…