Aceite.

“Las sombrillas son para cobardes…”, pensé bajando la escalinata que lleva del paseo a la playa, arrepintiéndome sobre la marcha de mi pensamiento, “Bueno, o para gente con niños, o que no quieran tostarse tanto…”, me dije asintiendo, enterrando en la arena a mi Yo Borde. El día estaba espectacular y la gente aprovechaba, como…

Atardecer.

Todavía quedaba bastante gente en la playa, al del sol hasta su puesta, sacando el máximo partido a cada rayo, exprimiendo el día al límite. El agua estaba agradable, o mi cuerpo estaba caliente y agradeció el fresco aportado, sin erizarme, aguantando mis pezones, libres sin biquini, el test a la perfección. Lo abrace con…

Frío.

‘Uff…, qué sufrimiento…, no creo que pueda, no siento los dedos…, madre mía…, con el calor que hace y que todavía esté así de fría…’ “Venga Valeria…”, dijo Marta chapoteando, rodeada de las demás que, como si formaran parte de un equipo de natación sincronizada, daban ágiles vueltas dejándose acariciar por el mar. “Es sólo…

Vamos a la playa.

“¿Ya están listas?”, dijo mi chico desde la sala con voz de desesperación, cuando el aburrimiento había pasado a segundo plano, después de llevar esperando por nosotras un rato. “Nooo…”, dijimos a coro para volver luego a la lucha de las tiras del biquini, colocando carnes bajo los coloridos triangulitos, atuendo del día. “No sé…

Rayando…

El calor me daba un poco de sueño y, a medida que el paisaje se hacía más árido me restregué los ojos para aguantar el tipo y no contagiarle el cansancio a mi chico. Encendí la radio intentando sintonizar algo interesante, yendo de una emisora en otra, evitando los últimos éxitos que resonaban en cada…

Verano inaugurado.

El sol pegaba con fuerza y, aunque no estábamos en una playa brasileña, la bossa nova emborrachaba nuestros oídos con sensuales ritmos mientras entrábamos y salíamos de la piscina o nos dábamos crema. De anuncio, pero desnudos… Mi chico había optado por el remojo perpétuo, nadando piscina alante, piscina atrás, distrayendo la mente de nosotras…