Chupando y lamiendo.

¿Sabor? – preguntó el chico mientras mis ojos se volvían locos delante de la nevera de mil colores, formando una cola de niños desesperados por el drama de mi indecisión. Nata – dije al final, sin ganas de empalagarme la garganta con chocolate o tiramisú, aburrida de la elegante vainilla pero con ganas de un…

Aceite.

“Las sombrillas son para cobardes…”, pensé bajando la escalinata que lleva del paseo a la playa, arrepintiéndome sobre la marcha de mi pensamiento, “Bueno, o para gente con niños, o que no quieran tostarse tanto…”, me dije asintiendo, enterrando en la arena a mi Yo Borde. El día estaba espectacular y la gente aprovechaba, como…

Tanto calor.

Tenía los ojos cerrados, pero podía ver a la perfección la habitación. Su cuerpo parecía refrescarse sobre el mar de algodón turquesa que eran las sábanas nuevas, intentando ignorar el calor. Subida sobre él, aguanté la respiración al tocar su pene con el clítoris, hinchado, deseoso de que le prestaran atención, latiendo, babándose y pringándolo…

Demasiado calor.

Llegué a contar las vueltas del ventilador, como quien lo hace con ovejas para conseguir dormirse, canturreando su movimiento y la parte en la que se trababa y emitía un chasquido, con el sonido metido en la cabeza. Mi chico resoplaba entre vuelta y vuelta, como un bistec a la plancha mientras yo, habichuelita de…

Calor, calor, calor…

“Valeria…”, empezó a decir mi chico, “Yo te quiero mucho pero me estoy asando..”, dijo agobiado. El sudor le caía por la cara y su cuerpo, igual de mojado por tenerme encima mientras veíamos la película, no podía más. “Vete al otro sillón”, me pidió se parándome de él, poniendo las manos sobre mis hombros…

De vuelta.

“Se ve que lo pasaste bien”, dijo mi chico guiñándome un ojo al salir de la ducha. “Sí, siempre lo paso bien con ellas”, respondí intentando mantener la vista en sus ojos, luchando contra ellos para que no la bajaran para, a pesar de la confianza de la convivencia, no parecer maleducada o que no…