Inspiración.

“Qué mierda…”, resoplé hablando conmigo misma, desganada, viendo el reloj pasar las horas sin que del lápiz saliera el mínimo ápice de inspiración. Recorrí de memoria las grietas de la mesa donde, se supone, producía millones de ideas maravillosas, donde la creatividad fluía de forma armoniosa, la misma en la que, las horas pasaban con…