Tanto calor.

Tenía los ojos cerrados, pero podía ver a la perfección la habitación. Su cuerpo parecía refrescarse sobre el mar de algodón turquesa que eran las sábanas nuevas, intentando ignorar el calor. Subida sobre él, aguanté la respiración al tocar su pene con el clítoris, hinchado, deseoso de que le prestaran atención, latiendo, babándose y pringándolo…

Calor, calor, calor…

“Valeria…”, empezó a decir mi chico, “Yo te quiero mucho pero me estoy asando..”, dijo agobiado. El sudor le caía por la cara y su cuerpo, igual de mojado por tenerme encima mientras veíamos la película, no podía más. “Vete al otro sillón”, me pidió se parándome de él, poniendo las manos sobre mis hombros…

De vuelta.

“Se ve que lo pasaste bien”, dijo mi chico guiñándome un ojo al salir de la ducha. “Sí, siempre lo paso bien con ellas”, respondí intentando mantener la vista en sus ojos, luchando contra ellos para que no la bajaran para, a pesar de la confianza de la convivencia, no parecer maleducada o que no…

Contrastes.

Incapaz de pronunciar palabra, jadeé el dolor, la falta de respiración, intentando recuperar bocanadas de aire, sacándolo de donde no había, buscando ayuda en la mirada de mi chico, que sin cambiar su expresión negó con la cabeza. “Tampoco está tan fría, qué dramática…” El cuerpo, demasiado caliente por los cuarenta grados que habíamos picado…

Baile.

Bajo las corvas, mis dedos, aprisionados, tiraban de mis piernas hacia mí y hacia afuera, manteniéndolas lo más abiertas posibles mientras la lengua de mi chico no dejaba nada sin degustar. Sus labios me besaron con intensidad, succionando mi chochito hasta hacerme temblar por el poder de su lengua, que se desvivía ávida y afanada,…

Enredados.

No sé si el biquini sonó a mojado por el peso que llevaba de mi flujo, o porque no le había dado tiempo a secarse en los metros que caminamos de vuelta de la playa, pero cayó a plomo enredado en mis pies, sonando a chapuzón sobre el suelo de granito al que ahora no…