Marta.

La echaba de menos y las llaves del coche sobre la mesita de la entrada me tentaban, como si me hablaran, engatusando mi mente hasta conseguir que me acercara y, tirando del asa del bolso con fuerza, hacerme salir de casa. Corrí escaleras abajo, pensando en lo positivo de una visita sorpresa, sonriendo al imaginar…

Chupando y lamiendo.

¿Sabor? – preguntó el chico mientras mis ojos se volvían locos delante de la nevera de mil colores, formando una cola de niños desesperados por el drama de mi indecisión. Nata – dije al final, sin ganas de empalagarme la garganta con chocolate o tiramisú, aburrida de la elegante vainilla pero con ganas de un…

Demasiado calor.

Llegué a contar las vueltas del ventilador, como quien lo hace con ovejas para conseguir dormirse, canturreando su movimiento y la parte en la que se trababa y emitía un chasquido, con el sonido metido en la cabeza. Mi chico resoplaba entre vuelta y vuelta, como un bistec a la plancha mientras yo, habichuelita de…

Calor, calor, calor…

“Valeria…”, empezó a decir mi chico, “Yo te quiero mucho pero me estoy asando..”, dijo agobiado. El sudor le caía por la cara y su cuerpo, igual de mojado por tenerme encima mientras veíamos la película, no podía más. “Vete al otro sillón”, me pidió se parándome de él, poniendo las manos sobre mis hombros…

Al agua patos.

“Qué horror…”, dije al ver mi reflejo en el espejo, dejando libre mi más pura sinceridad, exagerando para hacerla rabiar. “¡Ah pero te vas a quejar!”, rió. Mi imagen cubierta de infantiles volantitos solo se salvaba por lo estrecho que me quedaba, hasta tal punto que mis nalgas engullían la braguita para convertirla en un…

El arte del cunilingus.

A no ser que estés muy cerca, el arte del cunilingus es invisible a espectadores, oculto tras la boca que lo hace con tanto esmero, por placer propio de saborear lo más íntimo y por placer ajeno, tan visible y excitante. Marta se movía entre las piernas de Sandra alternando ritmos, dedicando los lametones más…