Me encanta follar.

De principio a fin. Desde que nuestras miradas destellan chispas de deseo hasta que caemos exhaustos de placer, sudorosos y hasta malolientes, me encanta hacerlo. Cuando noto sus manos agarrar con fuerza mis nalgas mientras yo boto sin descanso sobre su entrepierna, mirando con lujuria cómo sus labios buscan mis pezones para apropiárselos, para jugar…

De nuevo…

La visión de Brenda subida al bordillo de la piscina degustando a Tania, había hecho que la piscina casi hirviera. Su culito en pompa por fuera del agua dejaba ver sus labios brillantes e hinchados, mientras se movía acompasada, embistiendo con la lengua a su chica, que disfrutada echada, muy abierta, expuesta. Rodeé a mi…

Dos a dos.

Mis labios resbalaban pulidos y ansiosos entre las piernas de Tania y su humedad me cubría media cara mientras, afanada, sorbía a chupetones la jugosa almeja que me regalaba. Mi chico penetraba a Brenda con calma, desde detrás, acariciando con suavidad su espalda, dibujando el símbolo del infinito una y otra vez, entrando y saliendo…

Y desperté…

En un arrullo continuo sentí como me llenaba con delicadeza y con cada pequeño empujón, oleadas de placer que estallaban de pies a cabeza. Aunque al principio mareada, el ritmo y mi tímida canción me fueron entonando en un cántico un tanto más agresivo, incitándolo a que golpeara sin miedo a golpe de cadera, como…

Destape.

Mi chico no dijo nada, ni una palabra, y nos reímos cuando oímos que sus pasos se paraban para recoger nuestros bolsos y colocarlos en la silla de la entrada. “¡Ven aquí, no seas bobo!”, dije en alto sabiendo que se quedaría en el salón, que no se atrevería a entrar. Sus pasos tímidos tardaron…

Recuperando el tiempo.

Terminando de guardar la ropa limpia en el armario, pensando en mis cosas, mirando la cama, me enfadé ante el desperdicio del día anterior, en cama, sin ser persona, sin poder hacer nada de lo que me gusta, ni disfrutar con mi chico ni de mi chico. Colgué la última camiseta y fui derecha a…