Improvisando.

De penitencia, palmas de las manos juntas, a la altura del pecho, empecé a arrepentirme de haberle seguido el juego. “Haz yoga con nosotras, ya verás qué bien…” El sol de la tarde caía con fuerza sobre el jardín de Brenda mientras seguíamos a Tania en el ritual de asanas que componían su rutina de…

Tanto calor.

Tenía los ojos cerrados, pero podía ver a la perfección la habitación. Su cuerpo parecía refrescarse sobre el mar de algodón turquesa que eran las sábanas nuevas, intentando ignorar el calor. Subida sobre él, aguanté la respiración al tocar su pene con el clítoris, hinchado, deseoso de que le prestaran atención, latiendo, babándose y pringándolo…

Y remojado…

Él también tenía calor. Todas las islas tenían calor. Sentada en el fondo de la pequeña bañera rodeada de azulejos setenteros chillones, de rojo en lo que había sido agua fresca y ahora era tibia por el calor de mi cuerpo, ví su calzoncillo caer y aquel delicioso trozo de carne quedar a la altura…

Me encanta follar.

De principio a fin. Desde que nuestras miradas destellan chispas de deseo hasta que caemos exhaustos de placer, sudorosos y hasta malolientes, me encanta hacerlo. Cuando noto sus manos agarrar con fuerza mis nalgas mientras yo boto sin descanso sobre su entrepierna, mirando con lujuria cómo sus labios buscan mis pezones para apropiárselos, para jugar…

Rapidito.

Todo es cuestión de puntos de vista. La toalla mojada que siempre resulta pesada, parece un ligero pañuelo de seda cuando te la quitan, deslizándola por tu piel sin esfuerzo; y el frío de la piel húmeda recién salida de la ducha, se convierte en un agradable y reconfortante calor bajo su mirada. Mis pantorrillas…

Vamos a la playa.

“¿Ya están listas?”, dijo mi chico desde la sala con voz de desesperación, cuando el aburrimiento había pasado a segundo plano, después de llevar esperando por nosotras un rato. “Nooo…”, dijimos a coro para volver luego a la lucha de las tiras del biquini, colocando carnes bajo los coloridos triangulitos, atuendo del día. “No sé…