Cuantas más, mejor.

-Miren los dos corderitos que me encontré en la puerta…- dijo Brenda al volver al patio, dejando caer la toalla que había cubierto su cuerpo para ir a abrir y metiéndose en el agua de nuevo. -Holaaa…- dijo Sandra entrando seguida de Marta, que saludó con la mano. -¿No tenían una cena?- pregunté nadando hasta…

Improvisando.

De penitencia, palmas de las manos juntas, a la altura del pecho, empecé a arrepentirme de haberle seguido el juego. “Haz yoga con nosotras, ya verás qué bien…” El sol de la tarde caía con fuerza sobre el jardín de Brenda mientras seguíamos a Tania en el ritual de asanas que componían su rutina de…

Marta.

La echaba de menos y las llaves del coche sobre la mesita de la entrada me tentaban, como si me hablaran, engatusando mi mente hasta conseguir que me acercara y, tirando del asa del bolso con fuerza, hacerme salir de casa. Corrí escaleras abajo, pensando en lo positivo de una visita sorpresa, sonriendo al imaginar…

Chupando y lamiendo.

¿Sabor? – preguntó el chico mientras mis ojos se volvían locos delante de la nevera de mil colores, formando una cola de niños desesperados por el drama de mi indecisión. Nata – dije al final, sin ganas de empalagarme la garganta con chocolate o tiramisú, aburrida de la elegante vainilla pero con ganas de un…

Demasiado calor.

Llegué a contar las vueltas del ventilador, como quien lo hace con ovejas para conseguir dormirse, canturreando su movimiento y la parte en la que se trababa y emitía un chasquido, con el sonido metido en la cabeza. Mi chico resoplaba entre vuelta y vuelta, como un bistec a la plancha mientras yo, habichuelita de…

Calor, calor, calor…

“Valeria…”, empezó a decir mi chico, “Yo te quiero mucho pero me estoy asando..”, dijo agobiado. El sudor le caía por la cara y su cuerpo, igual de mojado por tenerme encima mientras veíamos la película, no podía más. “Vete al otro sillón”, me pidió se parándome de él, poniendo las manos sobre mis hombros…