Contrastes.

Incapaz de pronunciar palabra, jadeé el dolor, la falta de respiración, intentando recuperar bocanadas de aire, sacándolo de donde no había, buscando ayuda en la mirada de mi chico, que sin cambiar su expresión negó con la cabeza. “Tampoco está tan fría, qué dramática…” El cuerpo, demasiado caliente por los cuarenta grados que habíamos picado…

Acogedores silencios.

No se oían grillos porque no habían, pero se escuchaba la brisa mecer con suavidad las cortinas, y los aros metálicos rozar en el riel, oponiendo resistencia al tierno baile. De fondo, alguna ola romper en la lejanía y, de cerca, la mano de mi chico acariciar mi rodilla. “Qué silencio…”, susurré. “Sí…”, respondió él….

De vuelta.

Otra vez este antro… Entré en el piso sonriendo, intentando actuar de forma natural para que mi chico no se diera cuenta de mi pesar, fingiendo estar a gusto. Cómo echo de menos Santa Cruz… Puse el bolso sobre la silla,aunque en mi mente lo había aventado con fuerza, haciendo que rebotara en el espaldar…

Agotada.

“¡Podríamos ver una peli!”, dijo Sandra sentándose por primera vez en toda la tarde, después de haber estado paseando. “Vale, sí sí”, respondí pensando que a lo mejor así se frenaba un poco, me daba la impresión de que iba a mil por hora. Canal arriba, canal abajo, recorrió más de una vez todo lo…

Por el suelo.

Luces tenues, velas encendidas, bossa nova como banda sonora y cojines a modo de asiento, nuestra cena de picoteo prometía. Habíamos decidido quedarnos en casa, ver una peli, pasar la noche hablando y así, cuando mi chico quisiera descansar para su trabajo de pintura del día siguiente, no habría problema. Extendimos un mantel en el…

Pintando.

Las horas pasaron lentas, agonizando los minutos en recorrer la circunferencia del reloj que envolvía mi muñeca, hasta el punto de parecer pararse cada vez que le echaba un ojo entre brochazo y brochazo. A lunares, sentía la piel tirante sobre los músculos cansados del repetitivo movimiento, y la mano engarrotada por la posición de…