Demasiado calor.

Llegué a contar las vueltas del ventilador, como quien lo hace con ovejas para conseguir dormirse, canturreando su movimiento y la parte en la que se trababa y emitía un chasquido, con el sonido metido en la cabeza. Mi chico resoplaba entre vuelta y vuelta, como un bistec a la plancha mientras yo, habichuelita de…

Calor, calor, calor…

“Valeria…”, empezó a decir mi chico, “Yo te quiero mucho pero me estoy asando..”, dijo agobiado. El sudor le caía por la cara y su cuerpo, igual de mojado por tenerme encima mientras veíamos la película, no podía más. “Vete al otro sillón”, me pidió se parándome de él, poniendo las manos sobre mis hombros…

De vuelta.

“Se ve que lo pasaste bien”, dijo mi chico guiñándome un ojo al salir de la ducha. “Sí, siempre lo paso bien con ellas”, respondí intentando mantener la vista en sus ojos, luchando contra ellos para que no la bajaran para, a pesar de la confianza de la convivencia, no parecer maleducada o que no…

Buscando modos.

Fue imposible. Las leyes de la física no engañaban y, aunque lo intentó, no logró meter los dedos entre la lycra y mi piel, mirando con frustración el apretado traje de baño. “A ver si no te lo vas a poder quitar nunca”, pareció bromear. Pero no desistió. Se quedó mirándolo, intentando buscar algún hueco…

Causa y efecto.

El día estaba estupendo para pasarlo echada al lado de la piscina, tostando el cuerpo al sol, todo el cuerpo, un noventa y nueve por ciento de él, porque el biquini era tan pequeño que hasta mis labios desistieron y escaparon a la lycra, liberándose de ella, dejando que fueran clítoris y pezones los que…

Contrastes.

Incapaz de pronunciar palabra, jadeé el dolor, la falta de respiración, intentando recuperar bocanadas de aire, sacándolo de donde no había, buscando ayuda en la mirada de mi chico, que sin cambiar su expresión negó con la cabeza. “Tampoco está tan fría, qué dramática…” El cuerpo, demasiado caliente por los cuarenta grados que habíamos picado…