Cuantas más, mejor.

-Miren los dos corderitos que me encontré en la puerta…- dijo Brenda al volver al patio, dejando caer la toalla que había cubierto su cuerpo para ir a abrir y metiéndose en el agua de nuevo. -Holaaa…- dijo Sandra entrando seguida de Marta, que saludó con la mano. -¿No tenían una cena?- pregunté nadando hasta…

Improvisando.

De penitencia, palmas de las manos juntas, a la altura del pecho, empecé a arrepentirme de haberle seguido el juego. “Haz yoga con nosotras, ya verás qué bien…” El sol de la tarde caía con fuerza sobre el jardín de Brenda mientras seguíamos a Tania en el ritual de asanas que componían su rutina de…

Al agua patos.

“Qué horror…”, dije al ver mi reflejo en el espejo, dejando libre mi más pura sinceridad, exagerando para hacerla rabiar. “¡Ah pero te vas a quejar!”, rió. Mi imagen cubierta de infantiles volantitos solo se salvaba por lo estrecho que me quedaba, hasta tal punto que mis nalgas engullían la braguita para convertirla en un…

Contrastes.

Incapaz de pronunciar palabra, jadeé el dolor, la falta de respiración, intentando recuperar bocanadas de aire, sacándolo de donde no había, buscando ayuda en la mirada de mi chico, que sin cambiar su expresión negó con la cabeza. “Tampoco está tan fría, qué dramática…” El cuerpo, demasiado caliente por los cuarenta grados que habíamos picado…

Y remojado…

Él también tenía calor. Todas las islas tenían calor. Sentada en el fondo de la pequeña bañera rodeada de azulejos setenteros chillones, de rojo en lo que había sido agua fresca y ahora era tibia por el calor de mi cuerpo, ví su calzoncillo caer y aquel delicioso trozo de carne quedar a la altura…

De remojo.

Qué calor… Qué agobio… La sensación de cansancio constante, de sueño a pesar de haber descansado de sobra, no se me iban. Chiquito aplatanamiento… El bochorno, la pesadez del cuerpo, que parecía haber incrementado su densidad hasta ser incapaz de no poder moverse del sofá. Buff… Estoy hirviendo… El calor parecía manar de mis muslos,…