Al agua patos.

“Qué horror…”, dije al ver mi reflejo en el espejo, dejando libre mi más pura sinceridad, exagerando para hacerla rabiar. “¡Ah pero te vas a quejar!”, rió. Mi imagen cubierta de infantiles volantitos solo se salvaba por lo estrecho que me quedaba, hasta tal punto que mis nalgas engullían la braguita para convertirla en un…

Contrastes.

Incapaz de pronunciar palabra, jadeé el dolor, la falta de respiración, intentando recuperar bocanadas de aire, sacándolo de donde no había, buscando ayuda en la mirada de mi chico, que sin cambiar su expresión negó con la cabeza. “Tampoco está tan fría, qué dramática…” El cuerpo, demasiado caliente por los cuarenta grados que habíamos picado…

Y remojado…

Él también tenía calor. Todas las islas tenían calor. Sentada en el fondo de la pequeña bañera rodeada de azulejos setenteros chillones, de rojo en lo que había sido agua fresca y ahora era tibia por el calor de mi cuerpo, ví su calzoncillo caer y aquel delicioso trozo de carne quedar a la altura…

De remojo.

Qué calor… Qué agobio… La sensación de cansancio constante, de sueño a pesar de haber descansado de sobra, no se me iban. Chiquito aplatanamiento… El bochorno, la pesadez del cuerpo, que parecía haber incrementado su densidad hasta ser incapaz de no poder moverse del sofá. Buff… Estoy hirviendo… El calor parecía manar de mis muslos,…

Adiós al romanticismo.

“Corre que se enfría…” “Todavía tengo jabón en el pelo” “Pues date prisa…” “Uff…, dónde quedó el romanticismo…” “En el tamaño del termo…” “Coge el gel…” “Pásame la esponja”. “No creo que de tiempo…” “Ay qué fría…” “Última ducha conjunta…” “Qué triste…” Salimos apresurados, justo antes de que el agua se helara sin remedio, él…

Pequeños lujos.

El agua hirviendo sobre mi espalda hizo que me temblaran aún más las piernas, con el orgasmo a flor de piel y, en ese momento en que me apeteció sentarme, actué rápido y coloqué el tapón, llenando un poco el fondo para quedarme un rato de remojo, lo que tardara el agua en enfriarse. Cerré…