Triunfos.

“Bueno, empezamos y ya vemos si hacemos algún cambio…”, dijo yéndose con media sonrisa que para mí valía una carcajada entera.

Después de los nervios de por la mañana, de no haber desayunado por el repentino encogimiento de estómago y tanto cruzar los dedos, su reacción fue buena, todo lo buena que se pudiera esperar.

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Corrí por la casa todavía medio en obras, saltando maderas, buscando en las habitaciones hasta llegar al típico obrero descamisado que era mi chico, frenando en seco para observarlo un momento.

Estaba moreno, y su espalda y brazos resaltaban, marcando los músculos cada vez que los levantaba, trayéndome a la mente recuerdos de cuando me rodean y me alzan sin que le cueste nada.

“¿Qué tal?”, preguntó descubriéndome, haciendo que saliera de mi ensoñamiento.

“Parece que le gustó…”, respondí medio cantando en bajito, “Bueno, dice que empecemos así y que si no le convence cambiamos cosas durante el proceso”.

“Pues ya sabes”, respondió con un guiño, “Esta noche lo celebramos…”

“¿Ah sí? ¿Cómo…?”

triunfos 2

“Seguro que ya se te ocurrió algo…”, dijo volviendo al trabajo, dándome la espalda y completa visión del culito prieto al que tantas veces le había clavado las uñas en medio de embestidas clamorosas.

“Seguro…”

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