Remojo.

Estuvimos durante un rato de remojo, enfriando el cuerpo, pero sin conseguir que se enfriara la mente, todavía caliente de ver nuestros cuerpos a través del agua. Se distorsionaban con el movimiento, pero no perdían belleza alguna, coqueteando con la vista, dejando a flor de piel los instintos más básicos que conocíamos al dedillo. Tania…