Serenidad.

Serenidad efímera que parece eterna, la tranquilidad post coito entre sus piernas. Abrazados, enredados, la colcha soportaba de nuevo nuestros cuerpos, ahora cansados, lienzo del placer sufrido, aguantado, querido. Nuestros dedos recorrían pieles con cariño, apenas rozando, erizando vellos en la delicada línea entre el placer y las cosquillas, conquistando montañas, atravesando valles, pliegues y…