Apretado.

“Ven aquí…”, dijo mi chico acariciando con suavidad mis caderas hasta posar las palmas con firmeza y amoldar los dedos a mi cuerpo, apretando la piel mientras tiraba de mí con suavidad para acercarme hasta el borde de la cama. Retrocedí de rodillas como estaba, con las piernas cerradas, agachando el cuerpo para mi culito…