La colcha.

La imagen era espectacular. Mi chico saboreaba a Tania sin pararse a respirar mientras Brenda y yo turnábamos nuestras lenguas con la suya. Era un placer sentir sus gemidos resonando en mi garganta y comprobar lo excitada de su respiración al acariciar su pecho y bajar por su ombligo, continuando hasta rozar el pelo de…