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Toalla anudada a la altura del pubis, entró en el dormitorio todavía con el pecho mojado y el pelo dejando caer alguna gota sobre la alfombra. Sentadas sobre la cama, interrumpió nuestra conversación, descalzo, parándose y poniendo las manos en la cintura, encogiéndose de hombros.

batalla 1

“¿Ya estás limpito?”, preguntó Tania con cierto tono.

“No seas boba”, dijo Brenda.

“Solo pregunto…, como estaba tan preocupado por su olor corporal…”

“Después de todo el día haciendo chapuzas, te aseguro que es mejor que se lave las manos…”, dije quitándole importancia, abordándola con un beso, calmando un poco el pequeño genio amelocotonado que le hervía por dentro.

“Se ve que no soy suficiente para ella…”, dijo Brenda funchando.

“No es eso”, respondió Tania sintiéndose mal.

Bajé por su largo cuello, llegando a la clavícula besos a beso, pasando al hombro, dejando que se derritiera mientras Brenda contribuía con su parte, sacando con sus labios la pasión de su lengua.

batalla 2

Se empezó a dejar caer sobre la colcha, disfrutando los besos, las caricias, el roce de los labios sobre su piel, todo bajo la mirada de mi chico, al que observé de reojo, mirándonos embelesado, mientras se le empezaba a levantar la toalla con descaro.

Juego de toallas, empezamos unos a uno a tirar por los nudos propios que nos ataban, liberando los cuerpos de los atavíos, condenándolas en el suelo, dejando que la piel se abriera, igual que las piernas de Tania frente a mi chico, que se mojó los labios, preparándose para la batalla.