Batalla.

Toalla anudada a la altura del pubis, entró en el dormitorio todavía con el pecho mojado y el pelo dejando caer alguna gota sobre la alfombra. Sentadas sobre la cama, interrumpió nuestra conversación, descalzo, parándose y poniendo las manos en la cintura, encogiéndose de hombros. “¿Ya estás limpito?”, preguntó Tania con cierto tono. “No seas…