Nuestra bienvenida.

“Te eché de menos…”, confesé levantándome del asiento.

La escasa luz acompañó mis pasos, pausados, silenciosos y, mientras arrastraba la punta de los pies al acercarme a su cuerpo, notaba la melodía de nuestros movimientos empezar a marcar el resto.

nuestra bienvenida 1

Llegué a él, parsimoniosa, levantándome de puntillas sobre el suelo para buscar mi beso, respirando a la altura de sus labios hasta rozarlos, dejando que mi pie derecho se levantara siguiendo las notas mudas que dictaban los suspiros serenos.

Grande y fuerte, su brazo me rodeó, acoplándose a la perfección en la curvatura de mi espalda, la que es atrevida e indecorosa para alguien ajeno a mi cama, la que sólo es suya por méritos propios.

Girando sobre el pie apoyado me dejé caer como tantas otras veces, sin interrumpir el beso, dejando que su otra mano buscara acoplarse a la corva que le conduciría al muslo desnudo debajo de mi falda.

nuestra bienvenida 2

Solos en el piso, la luz tenue invitaba a bailar en silencio o a carcajadas, a dejarse llevar de camino a la cama, o a terminar por darnos la bienvenida allí mismo, más a fondo, sobre las baldosas o contra el poyo.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poli Impelli dice:

    ¡Hermoso ese vaivén sin regreso! 😉

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  2. Junior dice:

    Me gusta leerte, pero por Dios.

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    1. Valeria dice:

      Si solo fue un besito…

      Le gusta a 1 persona

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