Deseo.

Efervescencia en estado puro que te saca de letanías y tristezas, pasión desmedida que compartir con tu pareja o amor propio infinito que deshiniba el estrés del día…, deseo, y sin embargo, hay gente que no lo encuentra. Todavía mirando al techo me preguntaba cómo era posible que pasara, que hubiera gente que confesara, sin…

Suavemente.

Los disparos y diálogos, aprendidos ya de memoria, provenientes del juego favorito de mi chico, se insonorizaron desde el momento en que me deshice de las braguitas. Abierta sobre la cama, piernas flexionadas, el simple roce del aire me excitaba, temiendo llegar con los dedos a romper la magia, incapaz de saber si podría mantener…

Sin remedio…

Caliente… No era normal en mí tener tanto calor para que la simple rutina de abrir la nevera se convirtiera en gusto, en un placer al sentir los poros contraerse al alivio del refrigerado fresco, exhalando al verme obligada a cerrarla, pasando la mano por los muslos, regocijándome en lo corto de los pantaloncitos hasta…

Un poquito…

“¿Me das a probar un poquito…?”, preguntó mi chico medio escondido en el arco del pasillo, refiriéndose a los dedos que me disponía a lamer para probar mi flujo. “¿Cuánto tiempo llevas ahí?”, suspiré acalorada empezando a caminar para ir a su encuentro. “No mucho…, no has tardado nada…”, respondió con tono burlón. Sonreí al…

Burbujeando.

La burbujeante sensación de mi sexo hirviendo no menguó cuando me despedí de Marta y Sandra y, hasta conduciendo, el roce de los labios masajeando el clítoris mientras las piernas cambiaban de marcha, me hacía apretar las manos en el volante, conteniendo las ganas de meter las manos en las braguitas. Ya aparcada en el…

Reponiendo fuerzas.

“Uy, qué sed tenía…”, dije tras el tercer vaso de agua. “Normal, no me extrañaría que te deshidrataras con la cantidad de flujo que sueltas…”, dijo Sandra buscando el punto cómico a una verdad como un templo que reímos asintiendo. “Tengo que ponerme al día con el curso”, lamenté admitiendo la poca responsabilidad de la…