Mojando la brocha.

Deslicé los dedos sobre la cinta de carrocero haciendo presión, asegurándome de que quedara bien pegada sobre la pared para que ninguna gota traviesa se colara sin que me diera cuenta. Me encantaba sentir las diferentes texturas sobre las yemas de mis dedos, mientras a mi espalda, Sandra y Marta hablaban mientras recogían el cuarto…