Sorpresa.

“¿Si?”, dijo una voz somnolienta por el telefonillo. “Hola, soy yo”, respondí contenta. “¿Valeria?¿Qué haces aquí?”, respondió Sandra desconcertada. “¿Cómo que qué hago aquí? ¡Habíamos quedado!”, respondí en un tono no tan contento mientras zarandeaba los botes de pintura aunque no pudiera verme. Empujé la puerta con fuerza al oír el zumbido, apurando mis pasos…