Caricias a Marta.

El sillón acogió nuestras caricias y fue testigo de nuestras manos colándose en nuestra ropa, buscando la calidez de la piel, su suavidad y los gemidos que provocaban al rozarla. Encontré con facilidad sus pechos, cubiertos solo por el pijama, sin sujetador que contuviera sus pezones, duros por la excitación. Sus manos tantearon mi pantalón,…

Regalito para Marta.

“¡Qué sorpresa!”, exclamó Marta emocionada al abrirme la puerta. A su sonrisa la acompañaba el pelo revuelto, de no haber hecho nada durante el día, el pijama corto que no se había quitado y los pies descalzos. “¡Pasa, pasa!”, dijo apurada temiendo que solo pasara a saludar y me fuera en un santiamén. La casa…

Tallas.

Delante del perchero de la tienda de deportes no sabía qué pantalón elegir. Había desistido de seguir buscando el mío y tenía la certeza de que según llegara a casa con uno nuevo, lo vería a simple vista, casi sonriéndome con malicia. De todos modos, no era mala idea tener uno de repuesto. La amplia…

Mono de Tania.

Prendas volando por encima de mi cabeza y ropa acumulándose sobre la cama pero nada, ni rastro de los pantalones de yoga. Mis queridos pantalones de yoga que tantas miradas me han redirigido, testigos mudos de lo mucho que disfruto en las clases y sufridores directos de mi excitación al ver como Tania muestra las…

Cobro en especias.

Sudoroso y sin camisa, estereotipo de cualquier albañil que se precie, acabó mi chico la chapuza del grifo, secándose la frente con el dorso de la mano y dejando las herramientas a un lado. “Pues con esto y un bizcocho…”, dijo sonriendo, contento por el trabajo bien hecho, viendo como me levantaba y me acercaba…

Chapucillas.

Los imprevistos son eso, imprevistos. Te sorprenden siempre en el momento menos esperado, cuando tienes mil cosas que hacer, nada de tiempo con el que jugar y, por supuesto, suceden en las horas más menos apropiadas, cuando es más complicado resolver la situación. Y eso fue lo que pasó cuando llegamos a casa el viernes…