Toalla y calma.

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La toalla de agua fría pareció hervir al contacto con mi frente, calentándose, perdiendo con rapidez el agradable frescor del principio. Marta, a mi lado, le dió la vuelta y, al estarme quieta, los latidos empezaron a disminuir, convirtiéndose en un dolor constante más llevadero.

toalla y calma 1

Me daba vergüenza que mis amigas hubieran llegado a una casa sin preparar y estuvieran haciendo las cosas que se supone que debía tener preparadas como tantas otras veces. Con la puerta cerrada, las escuchaba hablando y riendo, con el sonido de fondo de cacharros y otros que no identificaba.

“Deja de pensar y preocuparte…”, dijo Marta quitándome la toalla para refrescarla en un pequeño balde de agua. El sonido del agua pasando entre sus dedos me relajó y con las gotas caer al escurrirla respiré hondo, quejándome al notarla de nuevo en la frente, aliviada.

toalla y calma 2

Se echó a mi lado, acariciando mi antebrazo, sujetándome la mano y pasando los dedos con suavidad por la palma. La sutil cosquilla recorrió las líneas de la mano, subiendo hasta la yema de los dedos, bajando de nuevo y repitiendo el recorrido infinitas veces, hasta que los sonidos de la cocina se alejaron y la habitación quedó muda, oscura al estar cubierta por la toalla, ajena al mundo, un delicioso remanso de paz inigualable.

Hadas madrinas.

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“Hola…”

“¿Estás bien?”, dijeron las cuatro al mismo tiempo al notar mi mala cara, pálida, con los ojos medio cerrados intentando evitar la luz que tanto me molestaba, y el pelo revuelto de haber estado echada en el sillón.

“Me duele un poco la cabeza…”

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“¿Un poco?, si parece que te acaban de sacar el hígado sin anestesia…”, dijo Brenda muy sincera.

“No he podido arreglar la casa ni preparar nada…, lo siento”, respondí sollozando, desesperada de que las pastillas no me hubieran hecho efecto, mirando a mi alrededor, a la loza sin fregar, a la sala sin recoger y la comida sin hacer. “Y mi chico se tuvo que ir temprano por una emergencia y no pudo hacer nada tampoco”, añadí haciéndome a un lado para que entraran.

“Tranquila…”, dijo Tania.

“¿Qué le pasó a tu chico?”, preguntó Sandra.

“Una gotera…”, asentí recibiendo un beso.

“Ven, tienes que echarte”, dijo Marta.

“No, no, ahora que estoy de pie voy a hacer algo…”

“Serás boba…, ya nos ocupamos, vete a descansar y en un rato vienes”, dijo Brenda en tono de mando. “Ahora me meto en la cocina y arreglo algo para la cena. Marta, busca una toalla fría que ponerle en la cabeza, y Tania y Sandra, busquen sitio para nuestras maletas, recojan la sala y luego me ayudan en la cocina”.

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No tenía fuerzas ni de protestar y me dejé llevar por el pasillo mientras las veía ponerse manos a la obra, como hormiguitas trabajadoras, o en mi caso, como hadas madrinas que no me merecía.

Pequeños lujos.

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El agua hirviendo sobre mi espalda hizo que me temblaran aún más las piernas, con el orgasmo a flor de piel y, en ese momento en que me apeteció sentarme, actué rápido y coloqué el tapón, llenando un poco el fondo para quedarme un rato de remojo, lo que tardara el agua en enfriarse.

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Cerré el grifo y respiré el eco de las gotas que caían con retraso en la improvisada piscina que apenas me cubría las caderas, esbozando una sonrisa por la travesura cometida.

Me encantan los baños. Jugar a acariciar el agua, pasando por encima, solo rozándola con las yemas de los dedos, observar la espuma y hacer de ella un sandwich con las manos o moverme para crear una pequeña marejada.

Ya bien húmeda y remojada, cogí la hojilla para estar bien suave en los días venideros, describiendo una línea recta de tobillo a rodilla, comprobando la superficie suave y fina, continuando al lado, siguiendo el dibujo para que no se me escapara ni un pelo.

pequeños lujos 2

Tuve que incorporarme y hacer equilibrismo para seguir por encima de las ingles, agarrando y estirando los carnosos labios para que el rasurado fuera lo más apurado posible, preparada para cualquier situación.

Las axilas tampoco se libraron, quedando suaves al tacto tras varias pasadas de seguridad, provocando el suspiro que me daba permiso para volver a disfrutar de acariciar el agua y del sandwich de espuma mientras ésta volaba delante de mis soplidos, esperando que tardara muuucho en enfriarse…

Mirando atrás.

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Lo zarandeé con fuerza, agarrado entre los dedos, resbaladizo, pringoso y duro, mientras los dedos de mi otra mano desaparecían carne adentro, notando los tejidos tensarse, el placer hacerme seguir hasta sucumbir a los espasmos del anhelado orgasmo.

mirando atrás 1

Atrás quedó el primer contacto, cuando comprobé la humedad y me estremecí al sentir los dedos hurgar entre los labios y sumergirse en zonas oscuras, guiados por el tacto, para salir del chapoteo cubiertos del untuoso gel propio que repartir y dar a probar a a mi lengua, adicta a su sabor.

Lejos quedaron los pasos acelerados por el pueblo, las zancadas esquivando peatones y coches, ansiando llegar para deshacerme de las braguitas de algodón, empapadas en el anonimato.

Ni acordarme ya del supermercado, de la cola en la caja, de la bolsa que se resistía y los productos que pataleaban para no meterse en ella, retrasando mi orgasmo con cada segundo de tardanza, cachonda, ciega, mirando mis manos ocupadas, deseando tenerlas dentro de mis bragas.

mirando atrás 2

Pero sí me acordaba del detonante, de la mecha, grabada a fuego en mi retina…, de sus besos fotografiados, de sus dedos indagando, chasquido inequívoco de deseo, pistoletazo que daba comienzo a la cuenta atrás.

Calor en el súper.

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calor en el súper 1

¿Por qué hay tanta gente en la cola de la chacina…? A lo mejor están regalando el jamón… O había un concurso de bocadillos en la plaza del pueblo y yo no me había enterado… Y qué calor… Los ventiladores no dan abasto… Qué pelo lleva esa señora y encima pide las lonchas contadas… ¿Por qué las quiere contadas, Señora? ¿Y luego pedirá las mismas de queso? ¿O eso ya es obsesión? Porque sería lo lógico, luego queda el sandwich mal… ¡Uy, mensaje! La cuestión es encontrar el móvil, que tiene que estar porque lo acabo de sentir vibrar… ¿No tendré el síndrome ese en el que la gente cree que el móvil suena? No me extrañaría, la verdad… ¡Ya lo toco! Dios, quedan diez números…, no avanza… Ah, Marta… Jeje… A ver qué dice… Mmm, fotos… ¡Cabronas, estoy en el súper! A ver si alguien va a mirarme la pantalla… Para cuando llegue a casa, dice… Jo, pues me queda un rato para el jamón… Qué bien se lo pasan… Jajaja, previo a San Juan… Ya veremos… Uff… Foto de dedos mojados… Qué calor hace aquí dentro… Seguro que yo también podría mojar así los dedos… Ahora mismo…

“¡¡¡37!!!”

calor en el super 2

“SIIIII”.