Pequeños lujos.

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El agua hirviendo sobre mi espalda hizo que me temblaran aún más las piernas, con el orgasmo a flor de piel y, en ese momento en que me apeteció sentarme, actué rápido y coloqué el tapón, llenando un poco el fondo para quedarme un rato de remojo, lo que tardara el agua en enfriarse.

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Cerré el grifo y respiré el eco de las gotas que caían con retraso en la improvisada piscina que apenas me cubría las caderas, esbozando una sonrisa por la travesura cometida.

Me encantan los baños. Jugar a acariciar el agua, pasando por encima, solo rozándola con las yemas de los dedos, observar la espuma y hacer de ella un sandwich con las manos o moverme para crear una pequeña marejada.

Ya bien húmeda y remojada, cogí la hojilla para estar bien suave en los días venideros, describiendo una línea recta de tobillo a rodilla, comprobando la superficie suave y fina, continuando al lado, siguiendo el dibujo para que no se me escapara ni un pelo.

pequeños lujos 2

Tuve que incorporarme y hacer equilibrismo para seguir por encima de las ingles, agarrando y estirando los carnosos labios para que el rasurado fuera lo más apurado posible, preparada para cualquier situación.

Las axilas tampoco se libraron, quedando suaves al tacto tras varias pasadas de seguridad, provocando el suspiro que me daba permiso para volver a disfrutar de acariciar el agua y del sandwich de espuma mientras ésta volaba delante de mis soplidos, esperando que tardara muuucho en enfriarse…

Mirando atrás.

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Lo zarandeé con fuerza, agarrado entre los dedos, resbaladizo, pringoso y duro, mientras los dedos de mi otra mano desaparecían carne adentro, notando los tejidos tensarse, el placer hacerme seguir hasta sucumbir a los espasmos del anhelado orgasmo.

mirando atrás 1

Atrás quedó el primer contacto, cuando comprobé la humedad y me estremecí al sentir los dedos hurgar entre los labios y sumergirse en zonas oscuras, guiados por el tacto, para salir del chapoteo cubiertos del untuoso gel propio que repartir y dar a probar a a mi lengua, adicta a su sabor.

Lejos quedaron los pasos acelerados por el pueblo, las zancadas esquivando peatones y coches, ansiando llegar para deshacerme de las braguitas de algodón, empapadas en el anonimato.

Ni acordarme ya del supermercado, de la cola en la caja, de la bolsa que se resistía y los productos que pataleaban para no meterse en ella, retrasando mi orgasmo con cada segundo de tardanza, cachonda, ciega, mirando mis manos ocupadas, deseando tenerlas dentro de mis bragas.

mirando atrás 2

Pero sí me acordaba del detonante, de la mecha, grabada a fuego en mi retina…, de sus besos fotografiados, de sus dedos indagando, chasquido inequívoco de deseo, pistoletazo que daba comienzo a la cuenta atrás.

Calor en el súper.

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calor en el súper 1

¿Por qué hay tanta gente en la cola de la chacina…? A lo mejor están regalando el jamón… O había un concurso de bocadillos en la plaza del pueblo y yo no me había enterado… Y qué calor… Los ventiladores no dan abasto… Qué pelo lleva esa señora y encima pide las lonchas contadas… ¿Por qué las quiere contadas, Señora? ¿Y luego pedirá las mismas de queso? ¿O eso ya es obsesión? Porque sería lo lógico, luego queda el sandwich mal… ¡Uy, mensaje! La cuestión es encontrar el móvil, que tiene que estar porque lo acabo de sentir vibrar… ¿No tendré el síndrome ese en el que la gente cree que el móvil suena? No me extrañaría, la verdad… ¡Ya lo toco! Dios, quedan diez números…, no avanza… Ah, Marta… Jeje… A ver qué dice… Mmm, fotos… ¡Cabronas, estoy en el súper! A ver si alguien va a mirarme la pantalla… Para cuando llegue a casa, dice… Jo, pues me queda un rato para el jamón… Qué bien se lo pasan… Jajaja, previo a San Juan… Ya veremos… Uff… Foto de dedos mojados… Qué calor hace aquí dentro… Seguro que yo también podría mojar así los dedos… Ahora mismo…

“¡¡¡37!!!”

calor en el super 2

“SIIIII”.

Locuras de grupos.

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‘Qué bien lo pasamos…, hay que repetir…’. dijo Brenda por el grupo.

‘Ah, cuándo quedaron que nos lo perdimos?’

‘Subí a yoga el otro día, y luego me quedé un rato…’

‘Jajajaja, un rato dice!!!’

locuras de grupos 2.jpg

‘Y subió su chico también’.

‘Pudieron haber avisado…’

‘Fue improvisado…, cambiando de tema, las espero para las hogueras eh!!!’

‘Siiii’.

‘Cuenta con nosotras también!!!’

‘Como te descuides se te presentan desde el día antes… jajajjaja…’

‘Ah, pues no me importaría…, vengan cuando quieran!!!’

‘Ah, pues a ver si podemos…’

‘Qué llevamos?’

‘Nada, nada, ya me ocupo yo!!!’

‘Uy, quién la verá, sólo con un delantal, preparando la comida…’

locuras de grupos 1

‘Ya te gustaría…’

‘Pues claro…’

‘No me líes, que estoy ocupada!!! Chao!!!’

Inspiración.

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“Qué mierda…”, resoplé hablando conmigo misma, desganada, viendo el reloj pasar las horas sin que del lápiz saliera el mínimo ápice de inspiración.

Inspiración 1, 18 junio 2017.jpg

Recorrí de memoria las grietas de la mesa donde, se supone, producía millones de ideas maravillosas, donde la creatividad fluía de forma armoniosa, la misma en la que, las horas pasaban con pajaritos proyectados que amenizaban mis días de trabajo.

Pero no. La dura y vieja madera con falta de restaurar era cruel conmigo, desafiando mi cordura mientras se hacía la fuerte, sin importarle los golpecitos que le propiciaba con la parte de atrás del lápiz cuando me ponía nerviosa, sonriendo cuando acababa por soltarlo enfurecida contra su barniz gastado.

“Si las musas no vienen, hay que buscarlas…”, dije resoplando, tomándome un segundo para acariciar la pequeña palmera que sobrevivía a mi lado, cogiendo el afilador y metiendo el lápiz, girándolo, respirando el delicioso aroma a madera y cerrando los ojos para escuchar el crujir de la misma mientras emergía la nueva punta.

Miré la perfecta viruta que se había creado sin romperse, como una falda flamenca, empujándola al vacío, viendo el baile que se marcaba antes de caer fulminada en la papelera. Me sacudí los dedos y volví a la carga, dominando el dichoso palito amarillo y negro, resquebrajando un poco el afilado grafito al forzarlo contra la libreta.

inspiración 2, 18 junio 2017.jpg

“Vamos allá…”, suspiré sin llegar a escuchar los pajaritos, esperando que las musas estuvieran cerca. “Y si no están, que les den…, ya me apaño sola”, reivindiqué sonriendo, espantándolas como si hubiera echado sal en la puerta o colgado una ristra de ajos,confiando en mi misma, empezando los trazos.